viernes, 21 de marzo de 2014

Dramas urbanos: La ex-mujer de Antonio



Son las 7:58 a.m., estoy en la parada de autobuses y voy tarde, nada nuevo. Pienso: A mi jefe no le va a gustar esto. Después de varios interminables minutos, más que los de costumbre, arriba una camioneta con un letrero en color rojo que reza "Directo" en letras blancas, la de siempre, me subo a la unidad y me siento en el primer puesto pegado a la ventana, mi favorito para el viaje de rutina.

De mis audífonos sale una Lady Gaga lamentándose por amar a un descarriado Judas -"I wash your feet with my hair if he needs..."- pero a un volumen moderado, porque me gusta pensar en mil cosas antes de llegar al caos subterráneo del metro de la ciudad. Una vez una amiga me dijo: Si escuchas música es porque no sabes estar sola con tus pensamientos. Yo le respondí: Tranquila que mis pensamientos siempre necesitan soundtrack.

¿Qué tengo en la cabeza al inicio del día? Pienso en el control cambiario, en las guarimbas, en ése máster que me toca posponer, en lo mucho que me gustaría irme de viaje, en que aún falta para el viernes, en la quincena que toca estirar, en esa persona que no me respondió el mensaje la noche anterior y en la "reunión" a la que mi jefe me convocará al llegar a la oficina.

De pronto escucho una voz, de apariencia amable, con un distintivo acento andino (gocho, le dirán algunos) que a cualquiera le denota cordialidad y una sonrisa cortés, era una mujer, sentada justo en el asiento ubicado detrás del mío.

Habla por teléfono y saluda con un tono muy cálido, diciéndole al que se encuentra al otro lado de la línea:

- Hola, ¿Cómo le va? ¿Está todo bien?
Imagino que la otra persona le responde un cortante "Bien", porque enseguida la mujer agrega:
- Mire, le llamo para saber cuando arreglaremos lo que tiene pendiente.
Silencio.
- Quiero que sepa que del colegio de la niña llamaron a la LOPNA para darnos una citación a los dos. Recuerde que esa escuela es privada, y nos dan el chance hasta el 4 de abril para ir.
Silencio, más largo esta vez. La mujer sube el tono de su, ya no tan amable, voz.
- Mire, esa niña es su hija también ¿Oyo?, es su responsabilidad, así como usted la hizo tiene que responder por ella.
Silencio, otra vez.
- Antonio, ¿por qué no me dice dónde está lo que le presté? Yo de buena fe le di ese dinero, y mire como usted siempre me pone excusas y ya vamos para un año.
Cada vez, mi compañera de viaje se inquieta más y ya las palabras le salen angustiosas del pecho.
- Usted tiene cinco hijos Antonio, ¡cinco!. No solo tiene que responder por el más pequeño, que ya sé que le nació hace poco, tiene que encargarse de todos ellos.
Un silencio prolongado, acompañado del sonido de una llorosa nariz.
- No se ponga grosero, yo le estoy hablando calmada, sin insultos y usted aprovecha para decirme malas palabras, como siempre. No se atreva a dejarme hablando...
Le colgó.

El chofer anuncia: Hospital de niños.

La mujer se levanta, va vestida de rosado, y lleva dos bolsas con varias botellas de aceite vegetal comestible, paga el pasaje, da las gracias, los buenos días y se baja del carro con lo que me pareció era una sonrisa de resignación, en su cansado rostro.

Me quedo con la ex-mujer de Antonio en mi mente, una de muchas damas guerreras, víctimas de una sociedad machista-matriarcal, en la que la educación privada viene a ser la mejor opción para garantizar el futuro de sus retoños. Me conmueve el cansancio de sus ojos, sus bolsas con aceite -seguro venía de hacer una larga cola para comprarlos- y me indigna el hecho de que el señor Antonio no quiera brindarle ayuda para sacar adelante a ese tesoro que tienen en común, pero luego hago pausa porque no quiero juzgar sin saber.

Suena en mis audífonos una canción instrumental de piano que no sé cómo llego a mi lista de reproducción, y no sé cómo se llama, pero me encanta oírla cada que puedo.

Me percato que a pocas cuadras está la parada final, llegamos, busco en mi cartera y veo que no tengo billetes, pago el pasaje con monedas, el conductor me ve mal por ello y corro a la estación del metro porque ¿Recuerdan? Voy tarde a trabajo.

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